miércoles, 14 de diciembre de 2011

SOBRE LA MEMORIA



José Hernández Luna
Sobre la memoria
8/12/11

“Hay que saber olvidar para saber el gusto del presente, del instante y de la espera, pero la propia memoria necesita también el olvido…”
Marc Augé

La memoria para mi es aquella que se genera a través de afecciones y conocimientos que van surgiendo en nuestra existencia y nuestra realidad cotidiana, la memoria como un cúmulo que contiene a los recuerdos. Para Braunstein la memoria es “…entendida como capacidad de conservar la consciencia de algo que fue y ya no es bajo la forma de un recuerdo, como afirmación de un cierto saber sobre algo vivido, visto y oído en el pasado.” (Braunstein, 2008, p. 15.)
Somos seres históricos, y como seres históricos estamos cargados de acontecimientos que se ven vertidos en recuerdos, los cuales aparecen en nuestra línea temporal de existencia. El tiempo confluye de manera radicalmente importante en nuestra existencia.
“La conciencia experimenta el tiempo inmediatamente como una disposición afectiva, y esta experiencia inmediata es el modo como la existencia se encuentra así misma antes de cualquier acto de reflexión.” (Heidegger, 2003, p. 12)
Entonces, la memoria se va desenvolviendo no solo al analizar, recordar y aprehender, sino que adquiere sentido gracias al tiempo, y a las experiencias afectivas de uno mismo, o de uno mismo con los otros. Se necesita de vivencias y emotividades para comprender lo vivido, “…la modalidad fundamental de la vida es ser tiempo, porque en el acto de vivir se incorpora lo vivido, en el vasto sistema de tres estados de pasado, presente y futuro. (Recuerdo, vivencia y anhelos). En el tiempo se da el sentimiento humano en sus tres aspectos: la añoranza de ayer, la angustia de hoy, o la nostalgia del mañana.” (Suárez, 2001, p. 22).
Me interesa aclarar que para mi, y leyendo a otros autores, la memoria es la que contiene al recuerdo; es un todo que contiene a las partes, y es el recuerdo que viene a nosotros de manera construida, es decir, aparece como una suceso elaborado (incluso como ficción, como inventiva), no tal cual sucedió en el pasado. Se puede decir que hacemos representaciones del recuerdo.
Al principio de esta investigación me preguntaba si ¿La memoria forma el tiempo o es el tiempo que forma a la memoria? Pues puede pensarse que la memoria, el tiempo, el recuerdo, y hasta el olvido, son asuntos independientes uno del otro, y no es así, sino que el tiempo contiene a la memoria (somos seres históricos y por ende temporales), la memoria contiene a los recuerdos (que a su vez contienen afecciones, emotividades, sentimientos, etc), y el olvido es un vacío temporal con la oportunidad de llenar y de ocupar, y es también una fuga que afecta, nos afecta.

Entendiendo que el tiempo es aquello en lo que se producen acontecimientos, podemos hablar del espacio, para Heidegger el espacio “...no es nada en sí mismo; no existe ningún espacio absoluto. Sólo existe a través de los cuerpos y de las energías contenidas en él…” (Heidegger, 2003, p. 28.29)  en ese sentido las vivencias y experiencias que uno recuerda no se plantan sobre un espacio tangible, sino sobre la añoranza del ayer, podría decirse que el recuerdo de una vivencia o experiencia es una energía capaz de volver como impresiones o flashes, todo a través del cuerpo y su memoria. Se puede decir también que el único espacio más o menos tangible es el presente. Así mismo, que recordemos flashes de vivencias, no quiere decir que hemos olvidado parte de un suceso, sino que lo reconstruimos de tal modo que se adapta a un hoy, a un estar aquí presente en el mundo.
Ahora bien, ¿por qué me interesa la memoria, y todo lo que deriva de ella? Principalmente porque una de mis estrategias constantes al crear, es partir de mis experiencias y vivencias, de ahí que me di cuenta que la pieza que describiré después, tenía mucho que ver con objetos y materiales que remitían a mi infancia y sucesos pasados. Comencé a trabajar con papel, y posteriormente surgió la idea de elaborar libros  (que son en si mismos conocimiento y memoria, o una manera de registrarlos).



Las piezas en si, son siete libros hechos de papel y cartón, que en su interior contienen objetos que a lo largo de mi vida han trascendido, tales como: caja de leche, cereal, café, cuchara, plato, taza, pecera y un vaciado de mi rostro en chocolate.

En los libros creé un vacío para encapsular dichos objetos.
Al observar libros en distintos colores, abiertos y colocados sobre una mesa,  imagino que alguna persona los leerá, con la intención de encontrar textos en ellos, sin embargo, yo quiero dar a entender que se trata de libros que son memoria en si, y a la vez remiten a ella, dándole una lectura distinta a un libro habitual.

Sucesos, circunstancias, emociones, tradiciones y vivencias construyen nuestra memoria, el olvido reconstruye a esta para que nuevas experiencias transformen nuevas memorias. El olvido es importante ya que es el vacío de experiencias que reconstruyen la memoria.

Me siento algo sorprendido por el hecho de que estos objetos están enterrados en las hojas de papel y que los libros tienen el espesor de estos objetos.

Acerca del libro de la pecera con un pez color rojo en su interior, me sorprende, pues la pecera esta enterrada entre las hojas de este libro., las hojas son blancas y esta forrado de color negro,  me hace pensar que no se puede mantener al pez estando allí encerrado, como sucedía en mi infancia al tener diversos peces y que ninguno haya sobrevivido por más de dos meses. De alguna manera, es un experimento que desafía un acontecimiento pasado, llevado a una representación actual.

En el último libro del vaciado de mi rostro en chocolate, me gusta el olor y la sensación que es un poco extraña, el vaciado es semejante a las “calaveritas” que tradicionalmente se usan para ofrendas el día de muertos en México, con las cuales mantengo estrecha relación desde mi infancia a la fecha.

Se me hace interesante el hecho de que entierro objetos que marcan recuerdos dentro de mi memoria, con el objetivo de darles otro sentido, y así reconstruir éstos en nuevos acontecimientos.

Chrétien se cuestiona por ejemplo de una pérdida de un recuerdo, que es ausente, pero existente porque es retenida en la memoria, de un modo ya reconstruido y causal “Pero, ¿es que una pérdida es verdaderamente pérdida cuando ponderamos y conocemos exactamente aquello que por su causa hemos perdido; cuando, separándonos de ello por completo, lo retenemos en la memoria; cuando el acto de perder constituye un acto soberano? No hay pérdida, ni siquiera decidida por nosotros, sin un desgajamiento que no podría ser plenamente nuestro, ni transparente para nosotros mismos.” (Chrétien, 2002, p. 9)
Me gusta la cava por que crea vacío en la materia, análogamente al vacío/ausencia que se crea en el recuerdo.
Creo que los humanos tendemos a llenar nuestros vacíos  para sentirnos satisfechos y llenos, vacíos emotivos y sensoriales, vacíos que nos muestran lo que no somos y lo que podemos ser.




“Si el olvido equivale a pérdida, por ende esta nos arranca a nosotros mismos y nos mutila en nuestra intimidad, pues perder alguna cosa en sí misma es también, necesariamente, perder algo de sí mismo.
Si es así, el olvido no es otra cosa que la reserva de la memoria, el tesoro del que esta extrae sin cesar sin que pueda disminuir, sin que podamos gastar la menor parcela de él. “ (Chrétien, 2002, p. 56-57


BIBLIOGRAFÍA

-Augé, Marc. Las formas del olvido. España: 1998: Gedisa.

-Braunstein, Néstor. Memoria  espanto. O recuerdo de infancia. México: 2008: Siglo XXI.

-Chrétien, Jean-Louis. Lo inolvidable y lo inesperado. España: 2002. Editorial Sígueme.

-Heidegger, Martin. El concepto del tiempo. Madrid: 2003: Minima Trotta.











 
 

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